- Y dime, ¿qué has hecho todo este tiempo?
- Vivirme.
be my guest
- Y dime, ¿qué has hecho todo este tiempo?
- Vivirme.
Comunicado numero 1
A todos y todas.
Hoy decimos basta porque estamos cansadxs, cansadxs de las paletas con forma de corazones, de los globos con forma de corazones, de la oferta y la demanda en forma de corazón, de los angelitos semidesnudos y sus flechas con forma de corazones,
Desde hace…
Infinite capacity for love in the smallest detail;
infinite suffering in the innermost reality;
large mind in even the dumbest, mutest object;
destiny in an object that stands still;
heart in the middle of the gray, motionless water;
the largest sadness in the world in a groaning buoy;
in a buoy and the bird overhead, huge sadness,
and yet I hop from place to place as though I’m weightless.
—Dan Chiasson, from “Where’s the Moon, There’s the Moon (A Story for Children)”
Art Credit Eugenia Loli
más de mil pulsaciones. y perdí la última.
fue tal el silencio que ensordecí. quedé petrificada, sin poder oir más señales.
QUIENQUIERA que sepa dónde está
la compasión (fantasía del alma),
¡que lo diga!, ¡que lo diga!
Que lo cante a voz en cuello
y que baile como si hubiera perdido la razón,
alegre bajo el delicado sauce
siempre a punto de romper en llanto.
ENSEÑO a callar
en todos los idiomas
con un método contemplativo:
del cielo estrellado,
las mandíbulas del sinantropus,
el salto del grillo,
las uñas del recién nacido,
el plancton,
el copo de nieve.
DEVUELVO al amor.
¡Atención! ¡Ganga!
En la hierba de hace un año,
con el sol hasta el cuello
recostados mientras danza el viento
(coreógrafo de sus cabellos).
Para ofertas ver: Sueño.
SE NECESITA persona
para llorar a los viejos que mueren
en los asilos. Favor
de no solicitar por escrito
ni anexar ningún tipo de actas.
Se destruirán los documentos
sin acuse de recibo.
POR LAS PROMESAS de mi marido
-quien con todos los colores
del populoso mundo, su lenguaje,
su canción en la ventana y el perro de los vecinos
les hizo creer que nunca estarían solos
en penumbra, en silencio y sin aliento-
yo no puedo responder.
La Noche, viuda del Día.
Wislawa Szymborska
“Friendship has never seemed both more important and less relevant than it does now.”
—Jessica Vivian Chiu on the art of friendship and the decades-long friendship between the writers Sherwood Anderson, Theodore Dreiser, and the sculptor Wharton Esherick
Tomar fotos, ¿para qué? Fundamentalmente, para nada. O esencialmente, para todo. Mostrar las fotos, ¿tiene sentido? Alguien mirará, dije antes.
Alguien mirará, pero yo aquí no les voy a venir a decir nada técnico, nada intelectual, nada trascendente.
Porque alguien mirará. Y eso significa que alguien escucha lo que estamos diciendo. ¿Qué decimos? ¿Qué quiere decir la gente que muestra cosas? ¿Qué quiero decir mostrando imágenes?
Se quiere decir: existo.
Se necesita decir: aquí estoy; ésta soy.
¿A quién? No importa. A veces es a otros, a veces a una misma.
Existo, aquí estoy, ésta soy. Pese a mí, así es. Mostrar, decir, para comprobar, para verificar que aquí sigo. Sin el menor afán, sin la menor pretensión artística. Sencillamente confirmar que se es. Porque es verdad, nos vemos arrojados a una existencia, sea por accidente o sea por una causa, pero aquí estamos. Aquí estoy, a pesar de lo aterrador que muchas veces me resulta la experiencia de vivir.
Mirar, re-tratar lo mirado, mostrarlo y mostrarse. Que sea un brevísimo testimonio del tránsito, de la existencia, de aquello que nos habita y que puede o no ser conocido.
Nos habita la memoria. Estamos colmados de recuerdos que nos desbordan como el agua rebosando una fuente que se llenó hace rato. Recuerdos como experiencias o como no-experiencias, como pura imaginación de lo que no fue, pero hubiéramos querido que fuera.
El puente de subir y bajar, de estar momentáneamente superando el suelo. Ramas de árboles deshojadas o que rasgan el aire. El cielo y sus infinitas posibilidades, de rayos de sol que atraviesan, que bañan de luz, o de lunas a medias de tarde o de noche. Las paredes descascaradas o los muros límpidos…
Y está lo que jamás podrá fotografiarse, por más imágenes que se tengan de una cosa. El movimiento de la flor, por ejemplo. El movimiento secreto, el mandato de vida hecho flujo, impulso. La vibración que empuja, que impele hacia la luz. No puedo verlo, pero mi certeza es que ese movimiento es giro, es espiral ascendente. Estoy segura de la flor por su movimiento, aunque me muera sin poder mirarlo.
e.g.
Aware of all this mutability, I ask what does not change:
The longing of the heart to know is what I find myself
saying.
One first learned it a long time ago and then it seemed
simple to assuage,
But the world gets more complicated and the answers are
never any easier.
I look at these colors you have set before me—deep
scarlets, water-flecked yellow of tulips:
My eye drinks in the intensity of each but still is unas-
suaged.
If I should live several lifetimes I still shall not have
exhausted the possibilities of even these flowers:
Why should I think of the world that it should be in any
way simpler?
—Peyton Houston, “Looking at Tulips”
Art credit Hollis Brown Thornton
Fotografiar. Retratar. No sé cuál me disgusta menos porque no me encuentro propiamente en ninguno de los dos términos. El término técnico sería fotografiar pero la voz que me sirve más es retratar. Comúnmente, el retrato es la pintura o la fotografía de alguien, así que en estricto sentido yo no retrato, tan sólo le tomo fotos a las cosas. Y lo hago sin saber. Lo hago empíricamente, artesanalmente, porque no tengo estudios y no tengo cámara. Uso un simple teléfono.
Tomarle fotos a las cosas. ¿Qué cosas? A las cosas: a las flores, a las frutas, a las sombras, a los muros, a los pájaros, a los árboles, al cielo, al agua, a las manos. Me obsesiona la textura porque es una forma de mirar de cerca. Desde que tengo miopía y astigmatismo juntos –que no es desde siempre- he ido asistiendo a la transformación de mi vista y, últimamente, he sentido miedo de perderla. Ha de ser por eso que tengo una imperiosa necesidad de ver, de verlo todo, todo el tiempo, de distinguir colores, de tocar el brillo, de escuchar la luz. Mirar de cerca para mí es un modo –que no el único- de hallar el tono de lo íntimo.
Tomarle fotos a las cosas, especialmente mientras camino. Caminar me pierde y me reconstruye. Caminar para calmar, caminar para pensar y para no hacerlo. Caminar para pisar tierra, para aterrizar pensamientos pero caminar también para volar, porque caminar es para imaginar.
El imaginario es aire. O, apelando a Bachelard, el aire y los sueños. Caminar y soñar. Una imagen puede ser un sueño.
La necesidad de ver pero también la sed de mirar. Mirar no es ver aunque sean sinónimos. La vista no es lo mismo que la mirada. La mirada es intuición. La mirada es verse en la cosa. Tomo fotos para verme ahí, para re-conocerme. Fotografiar y luego volver a mirar es una forma de recordar, de volver a pasar por el corazón ese preciso instante, o mejor dicho, evocarlo.
Evocar y convocar. Alguien mirará. La mirada es otredad y una imagen es un llamado, una invitación, un mensaje, un diálogo.
e.g.
Estoy sintiendo una claridad tan grande que me anula como persona actual y común: es una lucidez vacía, ¿cómo explicar? así como un cálculo matemático perfecto que, sin embargo, no se necesita. Estoy, por así decir, viendo claramente el vacío. Y no entiendo eso que entiendo: pues estoy infinitamente más grande que yo misma, y no me alcanzo. Más allá de que: ¿qué hago con esta lucidez? Sé también que esta lucidez mía puede volverse el infierno humano —ya me ocurrió antes. Pues sé que —en términos de nuestra diaria y permanente adaptación resignada a la irrealidad— esta claridad de realidad es un riesgo. Apaga, pues, mi llama, Dios, porque no me sirve para vivir los días. Ayúdame a consistir de nuevo en los modos posibles. Yo consisto, yo consisto, amén.
Clarice Lispector